Mi nombre es Alberto Fernandez Vega, trabajo en el Aeropuerto Juan Santamaría desde hace 16 años y vivo en San Antonio de Belén.
El abuso infantil marco mi vida desde que era un niño. Esto hizo que viviera mis primeros años con grandes dudas y complejos que frustraban y opacaban mi felicidad. A muy temprana edad tuve contacto con el alcohol y el tabaco y estos a su vez trajeron a sus malos amigos: el derroche, las malas noches, al sexo, las enfermedades y un vacío que nada lo podía llenar, no tenía paz interior.
La relación familiar durante mi adolescencia y temprana edad adulta era casi inexistente, era un hombre poco cortes, no tenia amigos y sentía que mi vida no tenia rumbo fijo y que era vacía, era muy agresivo, altivo, arrogante. Cuando me toco desenvolverme en la vida laboral; lo hice pensando solo en hacer dinero sin importar el daño que pudiera causar o causarme. Y me vi rodando por diferentes trabajos por mucho tiempo. Sentí muchas veces que las deudas me acosaban.
Un día; mientras atravesaba una situación muy difícil, fui invitado a la Fraternidad de Hombres de Negocios del Evangelio Completo, y en un evento; desayunando con un grupo de hombres le entregue mi vida a Jesucristo.
A partir de ese día se inicio en mi vida un proceso de cambio que me impulso a buscar en Dios respuestas a todas mis interrogantes; logre conseguir un trabajo estable y mantenerlo hasta el día de hoy. Aprendí a vivir de un salario sin necesidad de hacer malos negocios, es más, ahora hasta estoy iniciando mi propio negocio, nació en mi corazón una nueva forma de amar, ayudar y respetar a mi familia.
Los vicios también se fueron en la medida que aceptaba y reconocía que no me ayudaban en nada. De igual manera se fueron la adicción a la pornografía, las enfermedades, las malas noches, el derroche y muchas aberraciones sexuales.
Hoy vivo una vida plena y muy feliz, en donde he podido dar rumbo seguro a mi vida al lado de aquellos que amo. Ya no siento aquel vacío y frustración que antes sentía. Hoy por hoy soy un hombre seguro; que sabe lo que hace y se que Dios sostiene mi vida. También aprendí a perdonar y con esto conseguí mucha paz interna. La vida sigue trayendo día a día retos, pero ahora tengo una nueva visión para enfrentarlos y darles solución sin que estos me consuman.
El cambio no solo es personal sino también familiar, ya que mi familia entera esta siendo transformada. Ahora donde quiera que vaya, siento la responsabilidad y el deseo de compartir esta nueva vida que tengo, esta nueva esperanza que solo se activo cuando le abrí mi corazón a Jesús.
Si quieres ser parte de la gente más feliz de la tierra, te invito a compartir uno de nuestros eventos de la Fraternidad, donde puedes llegar y hacer nuevos amigos. Tienes derecho a vivir una vida plena, llena de alegrías y abundancia, como vivo yo hoy en todas las áreas de mi vida.
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